Empiezo la escritura de estas reflexiones, invocando al Espíritu
de Dios, que me ha enviado su Luz que
será la guía que me conducirá hasta El, las escribo con humildad, pero con la
convicción y la certeza que solo puede provenir de un origen Divino.
“Reconocemos que está con nosotros y nosotros con Él porque nos ha hecho participar de su Espíritu” 1Jn 4,13.
“Reconocemos que está con nosotros y nosotros con Él porque nos ha hecho participar de su Espíritu” 1Jn 4,13.
Los primeros días de
Diciembre del 2012, mi hermana Elizabeth me invito a visitar en su lecho de
enferma terminal a Ana Cecilia, quien fue la primogénita de nuestro padre,
Jesús Ramón Jiménez Mendoza; fuimos hasta su apartamento, se mostró muy feliz
por vernos, estaba muy delgada y a pesar
de los estragos de su enfermedad se podía notar la belleza de su rostro, el
cual reflejaba serenidad, paz y mucha resignación; aun con los avatares de su
cruel mal, sus lindos ojos brillaban y emanaban como una luz menguada, se
notaban temerosos, pero en ellos se
podía percibir sentimientos de esperanza y de fe. Esa fue la última vez que en
vida la veríamos, fue un encuentro agradable, con una conversación muy franca,
rica y extensa, allí nos enteramos por primera vez en nuestras vidas del drama de su desgarradora vida
interior, nos expreso la tragedia que le significo ser una hija bastarda, en una sociedad llena de prejuicios y de falsos valores, nos
describió como de niña se levanto, sin tan siquiera saber quién era su padre,
pues esa información le fue vedada, nos conto como siendo ya adolescente, una
tía suya le mostró una foto, donde señalo como su padre a Jesús Ramón Jiménez,
que estaba en un grupo de personas en una gallera; nos conmovió mientras nos narraba la forma como se armo de valor para ir a
conocer a su abuela doña Clorinda, en compañía de una amiga del liceo, después
de averiguar la dirección en donde vivía; nos describió la salida fortuita de
la abuela, que buscaba sentarse en un
balcón y de cómo al verla por primera vez en su vida, al instante la anciana
presintió que esa era su nieta, por ese llamado de la sangre, por esa atracción
que ocurre cuando se comparten tantos genes. Nos toco nuestras fibras más
intimas y nuestros ojos se humedecieron, al notar como emanaba el dolor desde
su alma, por lo que le significo no conocer el amor paterno. Yo les conté como junto con mi hermano Eduardo la
conocimos a ella, en la casa de mamá
Clorinda y en ese instante lo supe, ¡algún día escribiré sobre esto!. Papá y
ella en vida no lograron establecer una buena relación padre e hija, fue una
relación llena de encuentros y desencuentros, siempre hubo “algo”, que se
interpuso entre ellos.
Ya de regreso, Chabela y yo
reflexionábamos del porque papá había tenido tantos choques con su hija mayor,
de porque no la había integrado mas a nuestro grupo familiar, cuando con seguridad
nuestra madre Estela Marina, hubiese abierto los brazos para acogerla como hija
propia, pues cualquier persona que
conozca a nuestra madre Estela Marina Peraza Silva, puede dar fe de la grandeza
de su corazón y de la solidez de su formación Cristiana, que le
impedirían tener la mezquina actitud de rechazarla, o tratar de apartarla del grupo
familiar; como tal vez lo haría alguna persona insensata, cruel y dura de
corazón. También evaluamos descarnadamente el aspecto genético, ¿Sería acaso
que ese gen de la soberbia o del orgullo tan frecuente en nosotros los Jiménez,
al ser tan fuerte en ellos, como cargas eléctricas iguales nos les quedaba otra
sino rechazarse?, ¿Sería acaso que en
algún lugar recóndito de su genoma albergaba el gen de la maldad?; hipótesis
que de inmediato descartamos pues nuestro padre fue un buen hombre, Católico,
Apostólico y Romano, practicante, temeroso de Dios y fiel devoto de la Divina
Pastora y de la Virgen de Altagracia. En fin, comentamos que lo que si era evidente,
era que al morir papá en Octubre del 2010 le había quedado como “una falta” pendiente
con Ana Cecilia que era su hija, su
primogénita la cual en el mes de Enero del 2013 marchó también a encontrarse y rendirle cuentas a Dios.
Un
fin de semana de Mayo (mes de La Virgen)
de este año 2014, me quede en casa de mi anciana madre, conversamos y nos
reímos mucho, repasamos y recordamos muchas anécdotas de la historia familiar, tanto
por línea paterna y como de la línea materna; casi al final le narré la
historia de Ana Cecilia y le dije como lamentándome:
-¡Cuanto me hubiese gustado poder escribir este cuento!-
- Pero esa es una facultad que me fue vedada y no sé cómo hacerlo-
- Pero esa es una facultad que me fue vedada y no sé cómo hacerlo-
Al
llegar la noche, ya para acostarnos, mi mama me dice:
-Vamos a dormir en este cuarto-, el dormir allí fue algo fortuito,
pues regularmente lo hacíamos en otro lugar.
Se
refería a la habitación que era de mi padre, allí en el lecho donde murió me
toco acostarme, fue una noche placida, tranquila, de mucha paz. Ya a punto de dormirme, a mi mente llego el
recuerdo de Ana Cecilia y su escabrosa relación con papá, empecé a sentir como
una necesidad inmensa de escribir algo sobre ellos, pero no hallaba como
hacerlo, yo nunca había escrito absolutamente
nada. Sin embargo al día siguiente al levantarme recordé que había soñado
con papá y allí me invitaba a “descubrir sus faltas”, y un “genio” que
identifique inmediatamente como García Márquez, me indicaba que lo siguiera que
él me daría las pautas de cómo escribir el cuento, al verlo me dio mucho miedo.
Pero escuche una voz, que al principio no logre identificar, pero que me
tranquilizo diciendo:
-! Anda y
ve!,
-! No tengas miedo!-
-¡Que son cosas de Dios-
-! No tengas miedo!-
-¡Que son cosas de Dios-
Luego logre reconocer
la voz como la de un fraile Agustino,
quien en una oportunidad en el Seminario de Iniciación de esa congregación en
Agua Viva, un domingo cualquiera frente a la hermosa capilla ubicada en ese
lugar sagrado; al escuchar una pregunta que yo le formulaba a un compañero
suyo, sobre su forma de vida en comunidad, ese fraile que había venido desde
Caracas y no estaba hablando conmigo, sino que estaba a un lado, al oír mi
requerimiento, se voltio, me miro de frente, note como le brillaban los ojos y sonriendo, enfatizando su voz me dijo:
-Lee “El libro de
los Hechos de los Apóstoles”-.
En el sueño yo identifique esa voz pero ya no como
la de un fraile, sino que esta voz era del mismísimo San Agustín que me hablaba como a un amigo y allí confié, perdí el
miedo y me eleve por vez primera a ese “cielo
mágico”, donde pude ver y entender que el tiempo y las distancias no
existen; donde pasado, presente y futuro se funden en una misma cosa, donde
nada es cerca, pero tampoco lejos. Subí muy alto, me eleve hasta el cielo,
viajé por el mundo y lo vi todo, busque mis ancestros, busque mis raíces,
revise sus cromosomas, también sus genes y después desde ese cielo, muy
tranquilo, me quede contemplando y entonces…..¡Lo vi y lo entendí todo!.
De ese sueño me salió la inspiración
para escribir en prosa “La sangre del Moro” y en verso “Las faltas de mi padre”; “La senda que
te lleva a Dios”; “¡Cuando de la mano de un genio, desde el cielo contemple a
Macondo!”; “En principio era el Verbo” y otros. Siguiendo
el estilo literario del cuento corto “La
sangre del Moro” hace alusión a
los orígenes de la línea genética de las que provienen los genes que mi padre
nos heredo, él solía decir con mucho orgullo:
- Nosotros somos los únicos Jiménez en el
Estado Lara que no somos de la familia del general Florencio Jiménez, pues mis
ancestros eran caudillos, que venían de Coro, unos con “J” y otros con “G”,
dependiendo como le parecía al secretario que hacia el asiento en el libro de
nacimientos, pero todos originarios de
la “X” que fue la que llego de España y
que trajo la marca que nos identifica, la cual está en los ojos, negros y de mirada profunda, que recuerdan el origen de algún árabe que sembró
su huella-
Me volqué a escribir el cuento, las
palabras cual pozo saltante, me fluían sin esfuerzo, la estructura y los
personajes se me presentaron prácticamente sin dificultad y a los pocos días ya
lo tenía terminado por lo menos en forma preliminar. Sentí también la necesidad de narrar lo que había soñado
esa y otras noches, pues en los días sucesivos empecé como aclarar las ideas,
de los sueños o visiones que se me habían presentado, para ello la narración en
prosa se me dificultaba mucho, por lo extenso de estos sueños y lo complejo de
llevar ideas y sentimientos que son más de un mundo que yo me definía como “mundo mágico”, que del “mundo real” que
cualquier persona percibe, algunas formas era
más fácil tratar de expresarlas en verso y eso trate de hacer, sin miedo empecé a escribir en verso, hubo momentos de mucha inspiración, de esa manera
fue saliendo el material que escribí. Al principio solo lo hacía en mi P.C pero después me di cuenta que debía hacerlo
escribiendo a mano, pues si me llegaba una idea podía anotarla en cualquier lugar.
De repente me doy cuenta y hago
conciencia, de que yo jamás había escrito nada que no fuese estrictamente lo necesario,
las pocas veces que lo había hecho era enardecido por alguna cuestión política
para expresar mi opinión a través de algún medio electrónico; lo cual me llevó a
hacerme las siguientes interrogantes:
-¿Qué ha cambiado
dentro de mí?, ¿Qué me está pasando?-.
Dentro de mi estaban ocurriendo
cambios, muy sutiles algunos, muy radicales otros, las personas más intimas de
mi entorno empezaron a preocuparse pues no podían dejar de notar que yo no era
el mismo, estos cambios iban desde la intensidad como yo captaba las sensaciones y sentimientos en otras
personas, pasaban del por qué empecé a escuchar música de la que yo no era
habitual y llegaban hasta mi sentido del gusto el cual empezó a apreciar y
descubrir sabores en alimentos tan usuales como puede ser unas tajadas de
plátano maduro por ejemplo. Me sentía distinto, confundido, desconcertado, abrumado,
expectante, pero también “sabia” que
lo que me ocurría no era nada malo, sino más bien era una experiencia
enriquecedora. Decidí hablar con mi entorno más íntimo, pues hasta ese momento
solo lo había hecho con mi esposa Araceli a la que notaba preocupada, hable con
mi anciana madre, con mis hermanos, con mis hijos y con mi primo hermano
Tarquino Pérez Peraza que es la persona con quién mejor me comunico. A manera anecdótica,
les cuento que tengo como grabada en mi memoria la cara de estupor, miedo y de
preocupación de mi hermano Jesús Ramón, prestigioso médico internista, cuando
le conté de mis sueños y visiones. Y por supuesto como hombre de fe que soy,
decidí hablar con los Pastores de mi Iglesia Católica, Apostólica y Romana,
para ello busque Sacerdotes de las dos congregaciones que han marcado
radicalmente mi vida, los primeros los Misioneros Claretianos de la Iglesia Claret, que es la
parroquia de mis padres, y que es el punto de convergencia Espiritual para sus
hijos los Jiménez Peraza; allí me case, allí bautice a mis hijos, pero sobre
todo fue allí, hará poco mas de 30 años donde empecé a ir a misa en forma
regular cada Domingo. Yo siempre decía:
-Yo no sé rezar
porque hice la Primera comunión siendo muy niño, la hice con apenas 6 años de
edad-
Es inolvidable el día cuando en una
Homilía, en la iglesia Claret el P. Carrión expreso, con una voz muy convencida
y llena de fe:
-Cuando oren solo necesitan decir:”SEÑOR, YO CREO, PERO AUMENTA MAS MI FE”
-Cuando oren solo necesitan decir:”SEÑOR, YO CREO, PERO AUMENTA MAS MI FE”
¡Ese día aprendí a orar!, desde
entonces es la plegaria que desde lo más hondo de mi corazón le envío al Señor
cada vez que voy a la Santa Misa. Ese día empecé andar mi camino de conversión, ese día percibí la luz, que me guiaría al
inicio de la senda que me conducirá hasta Dios. Allí también está el P. Julián al que siempre
he considerado como un maestro y como un paradigma espiritual.
La segunda congregación es la ya citada
de los Padres Agustinos, a los que conocí después de la muerte de mi padre, el
ir a la Misa allí, desde un principio fue siempre una experiencia muy enriquecedora,
son tantos los recuerdos y las lecciones hermosas que tengo y recibí en ese
lugar Sagrado que es el Seminario de Iniciación que ellos tienen en Agua Viva,
que me sería muy largo describirlas todas, pero debo citar una Homilía de un Pastor
Agustino, que es el P. Miguel, la cual
tengo también como grabada en mi alma y donde expresaba algo como esto:
-Para buscar a
Dios deben buscar adentro de ustedes, no afuera, busquen en lo más profundo de
su corazón y de su alma, para poder llegar a ello deben deslastrarse de
las cargas que se lo impidan-
Allí aprendí donde debo buscar a Dios,
desde ese día empecé sin saberlo en forma consciente, a desprenderme de lastres
de estereotipos que estaban dentro de mí, pero que no formaban parte de lo que
mi corazón buscaba y realmente quería.
Ya había empezado a recorrer mi senda y a desprenderme de lastres que me
agobiaban, pero yo no lo sabía.
Hable somera y atropelladamente de lo
que me estaba pasando con sacerdotes de ambas congregaciones, el P. Luis de una
y el P. Juan Carlos de la otra, yo
pretendía hablar con ellos más profundamente, pero tenía pendiente un viaje a
la isla de Margarita y luego al regresar de este viaje donde tuve experiencias
que me desconcertaron aun mas y sobre las cuales no tenia explicación, corrí a
buscar entrevistarme con alguno de mis Pastores, pero siempre se presento alguna circunstancia
que lo impedía, alguna traba se presentaba. Yo
lo quería, pero Dios no lo quería,
El sabía que yo todavía no estaba
preparado, me faltaba algo, me faltaba la humildad, debía de ser más humilde. Yo
entonces no lo sabía, ahora sé lo que me faltaba, por lo que alabo al Señor.
¡Qué profunda es la riqueza, la sabiduría y
prudencia de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones, qué incomprensibles sus
caminos! Rm 11:33
El tiempo iba pasando y decidí bajar el
ritmo para descargarme pues me sentía muy desconcertado todavía, deje de
escribir, trataba de relajarme y de pensar en otras cosas. Tarquino mi primo me
invito a una reunión con un amigo suyo que tiene muchísimos conocimientos de
Teología, le mostré algunas cosas que había escrito, hablamos bastante y en
verdad me oriento mucho, me hablo de experiencias místicas de San Juan de la
Cruz, de la vía purgativa, iluminativa y de la unitiva, después de esa
entrevista quede más tranquilo. El tiempo continúo pasando, mis emociones se
fueron decantando y sentía menos presión, mis conductas y sensaciones empezaron
a recuperar su “normalidad”, ya estaba más tranquilo, pero todavía tenía muchas
preguntas sin responder. Empecé a buscar información sobre experiencias
místicas, me entere de conceptos como el de estados
no ordinarios de conciencia, de experiencias transpersonales, caracterizadas
también por la inefabilidad, atemporalidad y la transcendencia. Hubo un
material que me pareció muy interesante y quise ahondar en los conceptos por el
emitidos, pero al buscar el perfil del autor pude enterarme que es ateo, apostata;
esto me hizo reflexionar bastante sobre la información a la que tenía acceso, y
me hice la siguiente interrogante ¿Puede darme respuestas un autor enemigo de
la Iglesia, que tiene una visión absolutamente contraria a la mía?, definitivamente
no, como lo expresa el evangelio de Juan, por El o contra El, fe o incredulidad, el busca
hacia afuera, yo busco adentro; el
renuncia a creer, yo Imploro que El aumente
mi fe. Dios me indico que por esa vía no iba a encontrar respuestas, ese no era el camino que El quería para mí. A
partir de esa experiencia decidí buscar información solamente en las páginas
oficiales de las distintas Congregaciones Religiosas y en las páginas
recomendadas por ellos. El tiempo
seguía transcurriendo, yo empezaba a recuperar mi ritmo de vida, pero todavía
necesitaba repuestas para mis interrogantes.
“Pidan y se
les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá, porque quien pide
recibe, quien busca encuentra, a quien llama se le abrirá”. Mt 7, 7-8.
Uno
de mis hijos, Carlos Alberto, realizo su curso pre-matrimonial en la iglesia
“Divino Niño” de Cabudare, fui a buscarlos a él y su novia para traerlos a
almorzar, cuando lo esperaba sentí la
necesidad de confesarme y así lo hice obedeciendo el pedido de esa voz interior,
pues había recordado que en uno de mis sueños se me dijo:
-¡Sigue
tus instintos¡-
Allí hable con el P. José Gregorio
en confesión y le conté someramente mi experiencia mística, le hable de mis
confusiones y me dio un consejo valiosísimo, como buen Pastor ante el agobio de
su oveja, confortándola, me dijo, algo como:
-¡Vuelve
a tus escritos, revísalos y ordénalos¡-
y eso hice
Empecé
a buscar respuestas y empecé a encontrarlas; empecé a pedir y empecé a recibir,
empecé a indagar, a buscar señales y
las cosas se fueron haciendo cada vez más claras, mire hacia adentro, repase mi
senda de vida y me encontré ¡Oh sorpresa¡ cosas como que la fe es una Virtud
Teologal y como tal es una Virtud Trasformadora del hombre; yo he estado más de 30 años haciéndola crecer.
También “descubrí” que la capacidad de escribir me fue otorgada mediante uno de
los siete Dones del Espíritu Santo que yo recibí en mi Bautismo y estos son Dones
capaces de elevarte a un modo Divino de conocimiento. Lo que he escrito, lo he
hecho con el alma y con mi corazón repletos de amor, con el solo fin de honrar las memorias de mi padre y de mi
hermana, y al obedecer el IV Mandamiento y responder el mandato expresado en:
“Y el mandato que nos dio es que quien ama a
Dios ame también a su hermano” (1 Juan, 21).
Con júbilo puedo proclamar que “Amo a Dios sobre todas las cosas”. Entiendo ahora el porqué de los cambios que afectaban hasta
mis sentidos sensoriales, estos fueron motivados por el
Espíritu de Dios que estaba y está dentro de mí y fue en respuesta a mi
plegaria, a mi deslastre de cargas y al pretexto que es el amor que a
borbotones fluye desde mi alma.
"Dios es amor, y el que vive en el amor,
vive en Dios y Dios en él”.( 1Juan 4,16)
Seguí mi senda, seguí buscando y seguí encontrando, llegue a la Lectio Divina y aunque apenas estoy en
los albores del aprendizaje de esta
forma de lectura, lenta, tranquila y rumiada de las Santas Escrituras, puedo
decir que desde un principio empecé a notar la energía y la fuerza que el mensaje deja en mi corazón,
entiendo que Lectio Divina no solo es una fuente informativa, sino
también formativa que tiene El Señor para moldearnos a su imagen y semejanza; cuando
leo el Evangelio del día me asombro a veces del mensaje que por tan directo pareciera que fuera escrito directamente para
mí. Busque leyendo, se me abrió meditando, llame orando y me quede
contemplando; y descubrí el Nuevo Hombre que hay en mí, que es mi Yo Verdadero,
ahora sé que esa falsa imagen idealizada que es el Falso Yo, moldeada en base a
estereotipos que me son ajenos, pero que yo mismo los moldé desde niño para
evitar frustraciones emocionales de diversa índole, ahora sé que ese Falso Yo,
no es más sino una careta que no me representa y que no se corresponde para los
fines que El me creo. Tengo claro que debo reducir su influencia y para hacerlo
debo dar salida a mi Yo Verdadero, que es un Yo formado desde el amor y desde
la luz y que es con El con quien quiero estar, reflexionando sobre estas cosas,
vino en mi ayuda San Agustín que me envió
esta cita suya: Conócete.
Acéptate. Supérate. Busque adentro, busque el alma y vi cosas buenas, pero
también vi pecados, que en el nuevo hombre que pretendo ser no tienen cabida y
para superarme debo luchar contra ellos, necesito un confesor para que me ayude. Todavía me faltaba algo, faltaba la
guinda en el pastel y la respuesta me llego:
“Cuando tú vayas a orar, entra en tu habitación, cierra
la puerta y reza a tu Padre a escondidas. Y tu Padre, que ve en lo escondido,
te lo pagará” Mt 6-6.
Este mensaje me llego a través de un Monje de
la Congregación Religiosa de los Monjes Benedictinos y su nombre es el Padre
Beda Hornug, solo lo conozco en el mundo virtual - algún día le tocare la
puerta en el mundo real y con el favor de Dios, el me abrirá- empecé a leer sus reflexiones en el blog “Visión
Contemplativa”, busque en sus enlaces, también leyéndole fue que tome la idea
de escribir este texto para que se pueda entender el contexto de lo que escribí
de mis experiencias en mi viaje místico. Al final termine montándome en una
nube y abriendo mi mente, abriendo mi
corazón; y en silencio, muy tranquilo, lleno de amor, contemplando, busque la
fuente, busque la luz, que me guiará por la senda que me conducirá hasta Dios.
Atapaima
Nov./2014
“Por tanto no nos acobardamos: si nuestro exterior se
va deshaciendo,
nuestro interior se va renovando día a día.
A nosotros la angustia presente, que es liviana y pasajera,
nos prepara una gloria perpetua que supera toda medida,
ya que tenemos la mirada puesta en lo invisible, no en lo visible,
porque lo visible es pasajero, pero lo que no se ve es para siempre”.
2 Co 4, 16-18
nuestro interior se va renovando día a día.
A nosotros la angustia presente, que es liviana y pasajera,
nos prepara una gloria perpetua que supera toda medida,
ya que tenemos la mirada puesta en lo invisible, no en lo visible,
porque lo visible es pasajero, pero lo que no se ve es para siempre”.
2 Co 4, 16-18