lunes, 13 de julio de 2015

LA SENDA QUE ME LLEVO HASTA DIOS


                                                                                                                                 
   Empiezo la escritura de estas reflexiones, invocando al Espíritu de Dios, que me  ha enviado su Luz que será la guía que me conducirá hasta El, las escribo con humildad, pero con la convicción y la certeza que solo puede provenir de un origen Divino.

Reconocemos que está con nosotros y nosotros con Él porque nos ha hecho participar de su Espíritu” 1Jn 4,13.
Los primeros días de Diciembre del 2012, mi hermana Elizabeth me invito a visitar en su lecho de enferma terminal a Ana Cecilia, quien fue la primogénita de nuestro padre, Jesús Ramón Jiménez Mendoza; fuimos hasta su apartamento, se mostró muy feliz por vernos,  estaba muy delgada y a pesar de los estragos de su enfermedad se podía notar la belleza de su rostro, el cual reflejaba serenidad, paz y mucha resignación; aun con los avatares de su cruel mal, sus lindos ojos brillaban y emanaban como una luz menguada, se notaban temerosos, pero en ellos  se podía percibir sentimientos de esperanza y de fe. Esa fue la última vez que en vida la veríamos, fue un encuentro agradable, con una conversación muy franca, rica y extensa, allí nos enteramos por primera vez en nuestras vidas  del drama de su desgarradora  vida interior, nos expreso la tragedia que le significo  ser una hija bastarda, en una sociedad  llena de prejuicios y de falsos valores, nos describió como de niña se levanto, sin tan siquiera saber quién era su padre, pues esa información le fue vedada, nos conto como siendo ya adolescente, una tía suya le mostró una foto, donde señalo como su padre a Jesús Ramón Jiménez, que estaba en un grupo de personas en una gallera; nos conmovió mientras nos narraba  la forma como se armo de valor para ir a conocer a su abuela doña Clorinda, en compañía de una amiga del liceo, después de averiguar la dirección en donde vivía; nos describió la salida fortuita de la abuela, que  buscaba sentarse en un balcón y de cómo al verla por primera vez en su vida, al instante la anciana presintió que esa era su nieta, por ese llamado de la sangre, por esa atracción que ocurre cuando se comparten tantos genes. Nos toco nuestras fibras más intimas y nuestros ojos se humedecieron, al notar como emanaba el dolor desde su alma, por lo que le significo no conocer el amor paterno. Yo les conté  como junto con mi hermano Eduardo la conocimos a ella,  en la casa de mamá Clorinda y en ese instante lo supe, ¡algún día escribiré sobre esto!. Papá y ella en vida no lograron establecer una buena relación padre e hija, fue una relación llena de encuentros y desencuentros, siempre hubo “algo”, que se interpuso  entre ellos.

Ya de regreso, Chabela y yo reflexionábamos del porque papá había tenido tantos choques con su hija mayor, de porque no la había integrado mas a nuestro grupo familiar, cuando con seguridad nuestra madre Estela Marina, hubiese abierto los brazos para acogerla como hija propia, pues cualquier persona  que conozca a nuestra madre Estela Marina Peraza Silva, puede dar fe de la grandeza de su corazón y de la solidez de su formación Cristiana,  que  le impedirían tener la mezquina actitud de rechazarla, o tratar de apartarla del grupo familiar; como tal vez lo haría alguna persona insensata, cruel y dura de corazón. También evaluamos descarnadamente el aspecto genético, ¿Sería acaso que ese gen de la soberbia o del orgullo tan frecuente en nosotros los Jiménez, al ser tan fuerte en ellos, como cargas eléctricas iguales nos les quedaba otra sino rechazarse?,  ¿Sería acaso que en algún lugar recóndito de su genoma albergaba el gen de la maldad?; hipótesis que de inmediato descartamos pues nuestro padre fue un buen hombre, Católico, Apostólico y Romano, practicante, temeroso de Dios y fiel devoto de la Divina Pastora y de la Virgen de Altagracia. En fin, comentamos que lo que si era evidente, era que al morir papá en Octubre del 2010 le había quedado como “una falta” pendiente con Ana Cecilia  que era su hija, su primogénita la cual en el mes de Enero del 2013 marchó también  a encontrarse y rendirle cuentas a Dios.

Un fin de semana de  Mayo (mes de La Virgen) de este año 2014, me quede en casa de mi anciana madre, conversamos y nos reímos mucho, repasamos y recordamos muchas anécdotas de la historia familiar, tanto por línea paterna y como de la línea materna; casi al final le narré la historia de Ana Cecilia y le dije como lamentándome:
Cuanto me hubiese gustado poder escribir este cuento!-
- Pero esa es una facultad que me fue vedada y no sé cómo hacerlo
-
Al llegar la noche, ya para acostarnos, mi mama me dice:                                                       
-Vamos a dormir en este cuarto-, el dormir allí fue algo fortuito, pues regularmente lo hacíamos en otro lugar.    
Se refería a la habitación que era de mi padre, allí en el lecho donde murió me toco acostarme, fue una noche placida, tranquila, de mucha paz.  Ya a punto de dormirme, a mi mente llego el recuerdo de Ana Cecilia y su escabrosa relación con papá, empecé a sentir como una necesidad inmensa de escribir algo sobre ellos, pero no hallaba como hacerlo, yo nunca había escrito absolutamente nada. Sin embargo al día siguiente al levantarme recordé que había soñado con papá y allí me invitaba a “descubrir sus faltas”, y un “genio” que identifique inmediatamente como García Márquez, me indicaba que lo siguiera que él me daría las pautas de cómo escribir el cuento, al verlo me dio mucho miedo. Pero escuche una voz, que al principio no logre identificar, pero que me tranquilizo diciendo:
-! Anda y ve!,
-! No tengas miedo!-
-¡Que son cosas de Dios-
Luego logre reconocer la voz como la de un  fraile Agustino, quien en una oportunidad en el Seminario de Iniciación de esa congregación en Agua Viva, un domingo cualquiera frente a la hermosa capilla ubicada en ese lugar sagrado; al escuchar una pregunta que yo le formulaba a un compañero suyo, sobre su forma de vida en comunidad, ese fraile que había venido desde Caracas y no estaba hablando conmigo, sino que estaba a un lado, al oír mi requerimiento, se voltio, me miro de frente, note como le brillaban los ojos y sonriendo, enfatizando su voz me dijo:
-Lee “El libro de los Hechos de los Apóstoles”-.
En el  sueño yo identifique esa voz pero ya no como la de un fraile, sino que esta voz era del mismísimo San Agustín que me hablaba como a un amigo y allí confié, perdí el miedo y me eleve  por vez primera  a ese “cielo mágico”, donde pude ver y entender que el tiempo y las distancias no existen; donde pasado, presente y futuro se funden en una misma cosa, donde nada es cerca, pero tampoco lejos. Subí muy alto, me eleve hasta el cielo, viajé por el mundo y lo vi todo, busque mis ancestros, busque mis raíces, revise sus cromosomas, también sus genes y después desde ese cielo, muy tranquilo, me quede contemplando y entonces…..¡Lo vi y lo entendí todo!.

De ese sueño me salió la inspiración para escribir en prosa  “La sangre del Moro” y en  verso  “Las faltas de mi padre”; “La senda que te lleva a Dios”; “¡Cuando de la mano de un genio, desde el cielo contemple a Macondo!”; “En principio era el Verbo” y otros. Siguiendo el estilo literario del cuento corto “La sangre del Moro”  hace alusión a los orígenes de la línea genética de las que provienen los genes que mi padre nos heredo, él solía decir con mucho orgullo:

 - Nosotros somos los únicos Jiménez en el Estado Lara que no somos de la familia del general Florencio Jiménez, pues mis ancestros eran caudillos, que venían de Coro, unos con “J” y otros con “G”, dependiendo como le parecía al secretario que hacia el asiento en el libro de nacimientos,  pero todos originarios de la “X” que fue  la que llego de España y que trajo la marca que nos identifica, la cual está en  los ojos, negros y de mirada profunda, que  recuerdan el origen de algún árabe que sembró su huella-

Me volqué a escribir el cuento, las palabras cual pozo saltante, me fluían sin esfuerzo, la estructura y los personajes se me presentaron prácticamente sin dificultad y a los pocos días ya lo tenía terminado por lo menos en forma preliminar. Sentí también  la necesidad de narrar lo que había soñado esa y otras noches, pues en los días sucesivos empecé como aclarar las ideas, de los sueños o visiones que se me habían presentado, para ello la narración en prosa se me dificultaba mucho, por lo extenso de estos sueños y lo complejo de llevar ideas y sentimientos que son más de un mundo que yo me definía  como “mundo mágico”, que del “mundo real” que cualquier persona percibe, algunas formas era  más fácil tratar de expresarlas  en verso y eso trate de hacer, sin miedo  empecé a escribir en verso, hubo  momentos de mucha inspiración, de esa manera fue saliendo el material que escribí. Al principio solo lo hacía en mi P.C  pero después me di cuenta que debía hacerlo escribiendo a mano, pues si me llegaba una idea podía anotarla  en cualquier lugar.

De repente me doy cuenta y hago conciencia, de que yo jamás había escrito nada que no fuese estrictamente lo necesario, las pocas veces que lo había hecho era enardecido por alguna cuestión política para expresar mi opinión a través de algún medio electrónico; lo cual me llevó a hacerme las siguientes interrogantes:

-¿Qué ha cambiado dentro de mí?, ¿Qué me está pasando?-.

Dentro de mi estaban ocurriendo cambios, muy sutiles algunos, muy radicales otros, las personas más intimas de mi entorno empezaron a preocuparse pues no podían dejar de notar que yo no era el mismo, estos cambios iban desde la intensidad como yo captaba  las sensaciones y sentimientos en otras personas, pasaban del por qué empecé a escuchar música de la que yo no era habitual y llegaban hasta mi sentido del gusto el cual empezó a apreciar y descubrir sabores en alimentos tan usuales como puede ser unas tajadas de plátano maduro por ejemplo. Me sentía distinto, confundido, desconcertado, abrumado, expectante, pero también “sabia” que lo que me ocurría no era nada malo, sino más bien era una experiencia enriquecedora. Decidí hablar con mi entorno más íntimo, pues hasta ese momento solo lo había hecho con mi esposa Araceli a la que notaba preocupada, hable con mi anciana madre, con mis hermanos, con mis hijos y con mi primo hermano Tarquino Pérez Peraza que es la persona con quién mejor me comunico. A manera anecdótica, les cuento que tengo como grabada en mi memoria la cara de estupor, miedo y de preocupación de mi hermano Jesús Ramón, prestigioso médico internista, cuando le conté de mis sueños y visiones. Y por supuesto como hombre de fe que soy, decidí hablar con los Pastores de mi Iglesia Católica, Apostólica y Romana, para ello busque Sacerdotes de las dos congregaciones que han marcado radicalmente mi vida, los primeros los Misioneros Claretianos de la Iglesia Claret, que es la parroquia de mis padres, y que es el punto de convergencia Espiritual para sus hijos los Jiménez Peraza; allí me case, allí bautice a mis hijos, pero sobre todo fue allí, hará poco mas de 30 años donde empecé a ir a misa en forma regular cada Domingo. Yo siempre decía:

-Yo no sé rezar porque hice la Primera comunión siendo muy niño, la hice con apenas 6 años de edad-

Es inolvidable el día cuando en una Homilía, en la iglesia Claret el P. Carrión expreso, con una voz muy convencida y llena de fe:
-Cuando oren solo necesitan decir:”SEÑOR, YO CREO, PERO AUMENTA MAS MI FE”
¡Ese día aprendí a orar!, desde entonces es la plegaria que desde lo más hondo de mi corazón le envío al Señor cada vez que voy a la Santa Misa. Ese día empecé andar mi camino de conversión, ese día percibí la luz, que me guiaría al inicio de la senda que me conducirá hasta Dios.  Allí también está el P. Julián al que siempre he considerado como un maestro y como un paradigma espiritual.

La segunda congregación es la ya citada de los Padres Agustinos, a los que conocí después de la muerte de mi padre, el ir a la Misa allí, desde un principio fue siempre una experiencia muy enriquecedora, son tantos los recuerdos y las lecciones hermosas que tengo y recibí en ese lugar Sagrado que es el Seminario de Iniciación que ellos tienen en Agua Viva, que me sería muy largo describirlas todas, pero debo citar una Homilía de un Pastor Agustino, que es el P. Miguel, la cual  tengo también como grabada en mi alma y donde expresaba algo como esto:

-Para buscar a Dios deben buscar adentro de ustedes, no afuera, busquen en lo más profundo de su corazón y de su alma, para poder llegar a ello deben deslastrarse de las  cargas que se lo impidan-

Allí aprendí donde debo buscar a Dios, desde ese día empecé sin saberlo en forma consciente, a desprenderme de lastres de estereotipos que estaban dentro de mí, pero que no formaban parte de lo que mi corazón buscaba y realmente  quería. Ya había empezado a recorrer mi senda y a desprenderme de lastres que me agobiaban, pero yo no lo sabía.

Hable somera y atropelladamente de lo que me estaba pasando con sacerdotes de ambas congregaciones, el P. Luis de una y el P.  Juan Carlos de la otra, yo pretendía hablar con ellos más profundamente, pero tenía pendiente un viaje a la isla de Margarita y luego al regresar de este viaje donde tuve experiencias que me desconcertaron aun mas y sobre las cuales no tenia explicación, corrí a buscar entrevistarme con alguno de mis Pastores,  pero siempre se presento alguna circunstancia que lo impedía, alguna traba se presentaba. Yo lo quería,  pero Dios no lo quería, El sabía que yo  todavía no estaba preparado, me faltaba algo, me faltaba la humildad, debía de ser más humilde. Yo entonces no lo sabía, ahora sé lo que me faltaba, por lo que alabo al Señor.

 ¡Qué profunda es la riqueza, la sabiduría y prudencia de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones, qué incomprensibles sus caminos!   Rm 11:33

El tiempo iba pasando y decidí bajar el ritmo para descargarme pues me sentía muy desconcertado todavía, deje de escribir, trataba de relajarme y de pensar en otras cosas. Tarquino mi primo me invito a una reunión con un amigo suyo que tiene muchísimos conocimientos de Teología, le mostré algunas cosas que había escrito, hablamos bastante y en verdad me oriento mucho, me hablo de experiencias místicas de San Juan de la Cruz, de la vía purgativa, iluminativa y de la unitiva, después de esa entrevista quede más tranquilo. El tiempo continúo pasando, mis emociones se fueron decantando y sentía menos presión, mis conductas y sensaciones empezaron a recuperar su “normalidad”, ya estaba más tranquilo, pero todavía tenía muchas preguntas sin responder. Empecé a buscar información sobre experiencias místicas, me entere de conceptos como el de estados no ordinarios de conciencia, de experiencias transpersonales, caracterizadas también por la inefabilidad, atemporalidad y la transcendencia. Hubo un material que me pareció muy interesante y quise ahondar en los conceptos por el emitidos, pero al buscar el perfil del autor pude enterarme que es ateo, apostata; esto me hizo reflexionar bastante sobre la información a la que tenía acceso, y me hice la siguiente interrogante ¿Puede darme respuestas un autor enemigo de la Iglesia, que tiene una visión absolutamente contraria a la mía?, definitivamente no, como lo expresa el evangelio de Juan,  por El o contra El, fe o incredulidad, el busca hacia afuera, yo  busco adentro; el renuncia a creer, yo  Imploro que El aumente mi fe. Dios me indico que por esa vía no iba a encontrar respuestas, ese no era el camino que El quería para mí. A partir de esa experiencia decidí buscar información solamente en las páginas oficiales de las distintas Congregaciones Religiosas y en las páginas recomendadas por ellos. El tiempo seguía transcurriendo, yo empezaba a recuperar mi ritmo de vida, pero todavía necesitaba repuestas para mis interrogantes.

“Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá, porque quien pide recibe, quien busca encuentra, a quien llama se le abrirá”. Mt 7, 7-8

 Uno de mis hijos, Carlos Alberto, realizo su curso pre-matrimonial en la iglesia “Divino Niño” de Cabudare, fui a buscarlos a él y su novia para traerlos a almorzar, cuando  lo esperaba sentí la necesidad de confesarme y así lo hice obedeciendo el pedido de esa voz interior, pues había recordado que en uno de mis sueños se me dijo:

Sigue tus instintos¡-

           Allí hable con el P. José Gregorio en confesión y le conté someramente mi experiencia mística, le hable de mis confusiones y me dio un consejo valiosísimo, como buen Pastor ante el agobio de su oveja, confortándola, me dijo, algo como:

Vuelve a  tus escritos, revísalos y ordénalos¡- y eso hice

            Empecé a buscar respuestas y empecé a encontrarlas; empecé a pedir y empecé a recibir, empecé a indagar, a buscar señales y las cosas se fueron haciendo cada vez más claras, mire hacia adentro, repase mi senda de vida y me encontré ¡Oh sorpresa¡ cosas como que la fe es una Virtud Teologal y como tal es una Virtud Trasformadora del hombre;  yo he estado más de 30 años haciéndola crecer. También “descubrí” que la capacidad de escribir me fue otorgada mediante uno de los siete Dones del Espíritu Santo que yo recibí en mi Bautismo y estos son Dones capaces de elevarte a un modo Divino de conocimiento. Lo que he escrito, lo he hecho con el alma y con mi corazón repletos de amor, con el solo  fin de honrar las memorias de mi padre y de mi hermana, y al obedecer el IV Mandamiento  y responder el mandato expresado en:

 “Y el mandato que nos dio es que quien ama a Dios ame también a su hermano (1 Juan, 21).
  
            Con júbilo puedo proclamar que “Amo a Dios sobre todas las cosas”.  Entiendo ahora el porqué de los cambios que afectaban hasta mis sentidos sensoriales, estos fueron motivados  por el  Espíritu de Dios que estaba y está dentro de mí y fue en respuesta a mi plegaria, a mi deslastre de cargas y al pretexto que es el amor que a borbotones fluye desde mi alma.

 "Dios es amor, y el que vive en el amor, vive en Dios y Dios en él”.( 1Juan 4,16)

Seguí mi senda, seguí  buscando y seguí encontrando, llegue a la Lectio Divina y aunque apenas estoy en los albores  del aprendizaje de esta forma de lectura, lenta, tranquila y rumiada de las Santas Escrituras, puedo decir que desde un principio empecé a notar la  energía y la fuerza que el mensaje deja en mi corazón, entiendo que Lectio Divina  no solo es una fuente informativa, sino también formativa que tiene El Señor para moldearnos a su imagen y semejanza; cuando leo el Evangelio del día me asombro a veces del mensaje que por tan directo  pareciera que fuera escrito directamente para mí. Busque leyendo, se me abrió meditando, llame orando y me quede contemplando; y descubrí el Nuevo Hombre que hay en mí, que es mi Yo Verdadero, ahora sé que esa falsa imagen idealizada que es el Falso Yo, moldeada en base a estereotipos que me son ajenos, pero que yo mismo los moldé desde niño para evitar frustraciones emocionales de diversa índole, ahora sé que ese Falso Yo, no es más sino una careta que no me representa y que no se corresponde para los fines que El me creo. Tengo claro que debo reducir su influencia y para hacerlo debo dar salida a mi Yo Verdadero, que es un Yo formado desde el amor y desde la luz y que es con El con quien quiero estar, reflexionando sobre estas cosas, vino en mi ayuda San Agustín que me envió  esta cita suya: Conócete. Acéptate. Supérate. Busque adentro, busque el alma y vi cosas buenas, pero también vi pecados, que en el nuevo hombre que pretendo ser no tienen cabida y para superarme debo luchar contra ellos, necesito un confesor para que me ayude. Todavía me faltaba algo, faltaba la guinda en el pastel y la respuesta me llego:

 Cuando tú vayas a orar, entra en tu habitación, cierra la puerta y reza a tu Padre a escondidas. Y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará” Mt 6-6.

 Este mensaje me llego a través de un Monje de la Congregación Religiosa de los Monjes Benedictinos y su nombre es el Padre Beda Hornug, solo lo conozco en el mundo virtual - algún día le tocare la puerta en el mundo real y con el favor de Dios, el me abrirá-  empecé a leer sus reflexiones en el blog “Visión Contemplativa”, busque en sus enlaces, también leyéndole fue que tome la idea de escribir este texto para que se pueda entender el contexto de lo que escribí de mis experiencias en mi viaje místico. Al final termine montándome en una nube y abriendo  mi mente, abriendo mi corazón; y en silencio, muy tranquilo, lleno de amor, contemplando, busque la fuente, busque la luz, que me guiará por la senda que me conducirá hasta Dios.

    
Atapaima
Nov./2014

“Por tanto no nos acobardamos: si nuestro exterior se va deshaciendo,
nuestro interior se va renovando día a día.
A nosotros la angustia presente, que es liviana y pasajera,
nos prepara una gloria perpetua que supera toda medida,
ya que tenemos la mirada puesta en lo invisible, no en lo visible,
porque lo visible es pasajero, pero lo que no se ve es para siempre”.
2 Co 4, 16-18